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Góngora Argote, Luis de (1561 - 1627)


Luis de Góngora Argote (Córdoba, 11 de julio de 1561 - Córdoba, 23 de mayo de 1627). Poeta y dramaturgo español del Siglo de oro español, máximo exponente de la corriente literaria conocida como culteranismo o gongorisme, que más tarde imitarían otros artistas. Sus obras fueron objeto de exégesis ya en su misma época.


Biografía

Estudió en Salamanca, tomó órdenes menores en 1585 y fue canónigo beneficiado de la catedral cordobesa, comisionado por la que viajó en varias misiones de su capítulo para Galicia, Navarra, Andalucía y Castilla. Felipe III lo llamó cura real y para ejercer vivió en la corte hasta 1626, arruinado en su afán de conseguir cargos y prebendas a casi todos sus familiares; murió al año siguiente en Córdoba. Velázquez le retrató con la frente amplio y despejado, y por pleitos, los documentos y las sátiras de su gran enemigo, Francisco de Quevedo, sabemos que era jovial y hablador, muy sociable y amante del lujo y de las diversiones profanas, como por ejemplo los naipes y los toros, hasta el punto que se le llegó a reprochar a menudo lo poco que dignificaba los hábitos eclesiásticos. En la época fue considerado maestro de la sátira, aunque no llegó a los extremos expresionistas de Quevedo ni a las negrísimas tintas de Juan de Tassis y Peralta, segundo Conde de Villamediana, que fue amigo suyo y uno de sus mejores discípulos poéticos. Murió de apoplejía a los 65 años, aunque años antes ya había perdido la memoria.

En su poesía se solía distinguir dos períodos: el tradicional, que hace uso de los metros cortos y temas ligeros, utilizando canciones, tercetos, décimas, romances, letrillas, etc. Este período s'estdria hasta el año 1610, en que cambiaría rotundamente para volverse culterano, haciendo uso de metáforas difíciles, muchas alusiones mitológicas, cultismos, transposiciones, etc, pero Dámaso Alonso demostró que estas dificultades estaban ya presentes en su primera época y que la segunda es sólo una intensificación de estos recursos realizada por motivos estéticos.


Obra

Aunque Góngora no publicó sus obras (un intento suyo en 1623 no fructificó), éstas pasaron de mano en mano en copias manuscritas que se coleccionaron y recopilaron en cancioneros, romanceros y antologías publicados con su permiso o sin él. Durante un tiempo se creyó que el manuscrito más autorizado era el llamado Manuscrito Chacón (copiado por Antonio Chacón, Señor de Polvoranca, para el Conde-duque de Olivares), ya que contiene aclaraciones del propio Góngora y la cronología de cada poema , pero este manuscrito, teniendo en cuenta el alto personaje al que va destinado, prescinde de las obras satíricas y vulgares. El mismo año de su muerte, sin embargo, Juan López Vicuña publicó ya un volumen titulado Obras en verso del Homero español que se considera también muy fiable e importante en la fijación del corpus gongorino; sus atribuciones suelen ser precisas; no obstante superada después por la de Gonzalo de Hoces en 1633. Por otra parte, las obras de Góngora, como anteriormente las de Juan de Mena y Garcilaso de la Vega, gozaron el honor de ser ampliamente glosadas y comentadas por personajes de la talla de Díaz de Rivas, Pellicer, Salcedo Coronel, Salazar Mardones, Pedro de Valencia y otros.

Aunque en sus obras iniciales ya se encuentra el típico conceptismo del barroco, Góngora, el talante era el de un esteta descontentadís («el mayor fiscal de mis obras soy yo», solía decir), se no quedó conforme y decidió intentar según sus propias palabras «acero algo no para muchos» (Hacer algo para minorías) e intensificar aún más la retórica y la imitación de la poesía latina clásica introduciendo numerosos cultismos y una sintaxis basada en el la transposición del orden natural de las palabras en la frase y en la simetría; igualmente estuvo muy atento a la sonoridad del verso, que cuidaba como un auténtico músico de la palabra, llenando epicúriament sus versos de matices sensoriales de color, sonido y tacto. Además, mediante recursos que Dámaso Alonso, uno de sus principales estudiosos, llamó elusiones y alusiones, convirtió cada uno de sus poemas últimos menores y mayores en un oscuro ejercicio para mentes despiertas y eruditas, como una especie de adivinanza o emblema intelectual que causa placer en su desciframiento. Es la estética barroca que se llamó en su honor gongorisme o con una palabra que ha hecho mejor fortuna y que tuvo en su origen un valor despectivo por su analogía con el término luteranismo, Culteranismo, ya que sus adversarios consideraban los poetas culteranos unos auténticos herejes de la poesía.

La crítica, desde Marcelino Menéndez Pelayo ha distinguido tradicionalmente dos épocas o dos maneras en la obra de Góngora: el «príncipe de la luz», que correspondería a su primera etapa como poeta, donde compone sencillos romances y letrillas alabados unánimemente hasta la época Neoclásica, y el «príncipe de las tinieblas», a partir de 1610, año en que escribe la oda A la toma de Larache (A la conquista de Larache) y se vuelve autor de poemas oscuros y ininteligible entenderían. Hasta la época romántica esta parte de su obra fue duramente criticada e incluso censurada por el neoclásico Ignacio de Luzán. Esta teoría fue rebatida por Dámaso Alonso, quien demostró que la complicación y la oscuridad ya están presentes en su primera época y que como fruto de una natural evolución llegó a los osados ​​extremos que tanto se le han reprochado. En romances como la Fábula de Píramo y Tisbe y en algunas coplas aparecen juegos de palabras, alusiones, conceptos y una sintaxis latinizante, si bien estas dificultades aparecen enmascaradas por la brevedad de sus versos, su musicalidad y ritmo y por la uso de formas y temas tradicionales.
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